Marina sabía que se le avecinaba una pelea monumental, pero era consciente de que, si quería arreglar la situación de sus hijas, esto era parte de aquel largo camino, por lo que, sin dudarlo más, llamó al abogado que llevó el tema del divorcio.
—Licenciado Martínez…
—Señora Salas, ¡qué gusto! ¿Cómo se encuentra?
—Bien, bueno… No tan bien, necesito de su asesoría.
—Claro, si gusta, usted dígame la hora y el lugar.
—Bueno, he decidido cambiar de casa, pero tengo dos temas que me gustaría revi