Mientras Efraín se enfrentaba a las duras palabras que Sebastian y Patrik le habían lanzado, Sebastian conducía rumbo a casa luego de una larga tarde fuera de esta y de la oficina, al tiempo que marcaba un número del que pocas veces hacía uso de el, pero que, cada que lo hacía, quedaba satisfecho de hacerlo.
—Margarito.
—Mi buen amigo…
—¿Qué pasó, mi querido Escalona? ¿Te sirvió lo que te di?
—Por supuesto, ¿eso cuánto me va a costar?
—Nada que tú no sepas cómo pagarme, ya sabes, favor con favo