Marina se sentía terriblemente agotada; apenas iba a ser mediodía y ya estaba teniendo su primera batalla. Al llegar a la alcoba de Diana, tomó aire y dijo:
—Diana, cariño, toma solo lo necesario, vamos a salir en este momento.
Luego de ello, la mujer sabía que se enfrentaría a su némesis, su hija, la que, por alguna razón desconocida, sentía que la odiaba con todo su ser.
—Renata… —dijo Marina y recorrió la habitación con la mirada; ella aún no había hecho ninguna maleta.
La menor iba salie