Elena
La noche no terminó con aplausos ni con música resonando en mis oídos. Terminó en silencio, como una vela que se apaga después de haber ardido demasiado brillante durante demasiado tiempo.
Tras agradecer una última vez al señor Bernard y a su esposa, el salón de baile se vació lentamente. Las risas se convirtieron en educados despedidas, los tacones resonaron con menos frecuencia contra los suelos de mármol y la orquesta recogió sus instrumentos como si la magia nunca hubiera existido.
Lu