Punto de vista de Elena
El salón de baile parece sacado directamente de un sueño.
Arañas de cristal cuelgan del techo, captando la luz y dispersándola por la sala en suaves fragmentos dorados. Cada superficie brilla: suelos de mármol pulido, pilares dorados, mesas vestidas con lino blanco tan impecable que casi resplandecen. El aire vibra con conversaciones, risas y la música baja y elegante de una orquesta en vivo situada al fondo del salón.
Los camareros se deslizan como sombras, con bandejas equilibradas expertamente en las manos. Las copas de champán tintinean suavemente. El aroma a perfume caro, vino y comida cuidadosamente preparada se mezcla hasta volverse abrumador e intoxicante.
Me mantengo entre las otras mujeres, con la postura recta y la sonrisa cuidadosamente ensayada.
Son hermosas —todas y cada una de ellas—. Envuelta en vestidos de diseñador, con diamantes brillando en orejas y muñecas, el cabello peinado a la perfección. Sus risas son ligeras, effortless. Su confianza