Elena
Desperté con un dolor sordo palpitando detrás de los ojos.
No el dolor agudo y vicioso de las peores mañanas —no el que llegaba como algo arrojado—, sino el persistente y pesado que se instalaba y se hacía un lugar, el que decía: *no dormiste bien y tu cuerpo recuerda todo lo que te pasó ayer aunque esperaras que lo hubiera olvidado*. Me quedé inmóvil un momento con el peso presionando detrás de las sienes, luego apoyé dos dedos con cuidado contra el puente de la nariz y los mantuve allí