Elena
Dolor.
Eso fue todo al principio. Solo dolor —partidor, consumidor, irradiando desde la nuca hacia afuera en oleadas que llegaban a mis ojos, a mi mandíbula y a la base del cuello. Gemí antes de estar completamente consciente, el sonido saliendo de mí antes de que decidiera hacerlo.
Intenté moverme.
Mi cuerpo se detuvo.
Fue entonces cuando llegó el pánico.
Forcé los ojos a abrirse. La visión regresó por etapas: borrosa, luego formas, luego la dura realidad de dónde estaba. Oscuro. Amplio.