Lucien
El silencio del ático era un peso físico, un vacío presurizado que parecía succionar el oxígeno de la habitación. Me encontraba sentado en el centro de ese silencio, acomodado en un trono de cuero italiano, observando la ciudad a mis pies. Desde sesenta pisos de altura, el mundo parecía un circuito impreso: predecible, manejable y completamente sometido al flujo del poder. Pero por primera vez en mi vida profesional, me sentía como un componente que había sido bypassado. Las señales se m