Elena
Me quedé congelada en el momento en que entré en el salón.
Lucien seguía allí.
El mismo sofá, la misma postura relajada, como si las horas desde la última vez que lo vi hubieran pasado sin exigirle nada. La televisión seguía encendida. Me miró de reojo cuando entré, y la sonrisa que siguió fue de las que no tienen prisa: la sonrisa de alguien que no tiene ningún lugar adonde ir y lo sabe.
Entonces sentí ojos desde la otra dirección.
Geralt.
Estaba de pie cerca de la puerta que daba a la