Tercera persona
La oficina bullía con una tensión frenética y de baja frecuencia que sabía a cobre. La noticia del secuestro de Sharon había filtrado a través de los filtros ejecutivos y se había extendido como un incendio por los cubículos. Cada empleado reaccionaba con un matiz diferente de autoconservación. Algunos sacudían la cabeza con incredulidad fingida, murmurando simpatías huecas por la esposa de Lucien, mientras otros se agrupaban en las escaleras, susurrando que quizá una mujer atad