Taylor
Taylor estaba sentada frente a su escritorio en el rincón estrecho y tenuemente iluminado de su apartamento. El brillo azul-blanco de cuatro monitores separados proyectaba largas sombras esqueléticas sobre su rostro. Su estación de trabajo era un caos desordenado de tecnología: pantallas con imágenes granuladas de vigilancia, rastreadores en vivo de redes sociales y localizadores GPS se superponían en los monitores como un rompecabezas digital. Cada píxel parpadeante importaba; cada movi