El sol aún no había desperezado la totalidad del resort. Las sombras largas y caprichosas de las palmeras se deslizaban sobre los senderos de piedra, danzando al ritmo de la brisa leve que venía del mar. Hugo atravesaba aquel cuadro matutino, pero era ajeno a su quieta belleza. El celular pegado a su oreja parecía fusionarse con su mano temblorosa, mientras cada paso apurado resonaba como un tamborileo inquieto sobre las piedras, cálidas tras el descanso nocturno.
El aroma a sal y humedad, mezc