La humedad del final de la tarde se pegaba a la piel como una caricia incómoda, una presencia que no pedía permiso para quedarse. Era el tipo de incomodidad que le recordaba las palabras dichas demasiado cerca del oído, esas que nunca quisiste escuchar. Como la promesa vacía de un futuro juntos, susurrada en la penumbra.
Ana salió del lobby con una carpeta doblada bajo el brazo. Su paso era lento, los hombros cargados de un cansancio que no era solo físico, sino también emocional. En cada respi