La tarde caía con una calma dorada. El cielo se pintaba de coral y mandarina, reflejando un resplandor cálido sobre las sombrillas que se mecían con la brisa salada. La playa estaba viva pero serena, con murmullos de conversación mezclados con el lejano murmullo de las olas.
Ana caminó descalza por la arena fina, sintiendo su calidez bajo los pies, mientras el aire impregnado de sal y coco le acariciaba el rostro. A pocos pasos, sus amigas la esperaban junto a una mesa improvisada bajo una somb