Dos años después
El viento cálido jugaba entre las ramas plateadas de los olivos, agitando las hojas con un susurro que sonaba a secretos antiguos y promesas de calma. El sol de la tarde caía oblicuo sobre la villa de piedra clara, tiñendo la fachada de tonos miel y melocotón, como un suave abrazo dorado. El aire transportaba el aroma terroso y húmedo de la tierra recién regada, la punzante frescura de la albahaca acariciada por el sol, la dulzura intensa de los tomates maduros que llenaba el a