El aire denso y húmedo envolvía la abadía como un manto de niebla. Entienne caminaba con pasos firmes, la mirada perdida en sus notas mientras repasaba una y otra vez los símbolos que había descubierto en los vitrales. La imagen del rey Aldous Thorne, el pelirrojo marginado por su propia sangre, y el símbolo de la Orden del Equilibrio resonaban en su mente como un eco interminable.
Sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron a un lugar desconocido. Alzó la vista, y lo que vio le heló la sangre.
Fre