La habitación aún estaba en penumbra, el sol apenas se alzaba por el horizonte cuando Eira se removió entre las sábanas, soñando con el calor del cuerpo de Entienne. Pero al abrir los ojos, se sobresaltó. Frente a ella, sentadas en una silla junto a la ventana, estaban Rowena y Eleonora, conversando en voz baja.
—¡Ah! —exclamó Eira incorporándose bruscamente.
Las sábanas cayeron en el movimiento dejando al descubierto sus senos desnudos, llenos de marcas rojizas y profundas. Su piel blanca las