El silencio en el sótano era espeso como el humo que aún flotaba en la atmósfera después del caos en el club. Luna permanecía recostada en el sofá, su rostro pálido y sereno, como si estuviera dormida profundamente. La camisa de Damián aún cubría parte de sus hombros; él no se la había quitado, como si dejarla sin esa prenda fuera lo mismo que dejarla desprotegida.
Damián se acercó lentamente, se inclinó y la observó en silencio. Su pecho subía y bajaba con lentitud, su aliento era tranquilo. P