Selene sonrió, aunque sus ojos reflejaban otra cosa. Su lobo interior gruñía por dentro con desconfianza.
—Sí, he escuchado hablar de ella… —dijo, fingiendo calma—. ¿Y dónde estaba ella cuando ocurrió el tiroteo?
—Al parecer… —Suspiró Emiliano, recordando lo poco que había visto entre el humo y el caos—. Se tropezó con Damián. Él fue quien la protegió. La sacó del club cuando comenzaron los disparos.
Selene entornó los ojos.
—¿Damián la protegió?
—Eso dijo —respondió Emiliano, aún confundido—.