Nicola
Los disparos, las explosiones no paraban, las malditas balas rebotaban contra los muros como si fueran el eco de mi propia desesperación.
Valentina iba a mi lado, letal y precisa, disparando con una frialdad que no podía creer. Con cada enemigo que caía, sentía más admiración por ella... y más odio por su traición.
—Maldita sea, —gruñí, disparando a otro hombre de la Camorra que apareció entre los arbustos. —¿No paran de aparecer?
Ella no respondió, pero giró su cabeza para mirarme y pud