Nicola
—Es solo un pedazo de carne, un objeto para ser usado. Y te garantizo que no tiene ningún valor fuera de tu cama.
—Eres un hombre despreciable, —dije, mi voz tan controlada que hizo que su sonrisa se tambaleara. —No puedo imaginar cómo ella ha sobrevivido tantos años a tu lado sin arrancarte la garganta.
El padre de Valentina rió, un sonido hueco y desprovisto de alma.
—Ella sabe cuál es su lugar. —Sus palabras salieron con veneno, y su mirada se volvió aún más oscura. —Lo ha aprendido a