La pantera
Estar entre ellos se había vuelto parte de mi vida cotidiana.
Caminaba, observaba sus gestos confiados, las miradas de superioridad que intercambiaban, como si fueran invencibles.
Se creían intocables, rodeados de su poder y sus armas, incapaces de concebir que una amenaza como yo pudiera infiltrarse en sus vidas.
Y mucho menos delante de sus narices.
Eso era lo más irónico de todo: que ellos, tan orgullosos de su posición, no podían ver que el verdadero peligro no venía de afuera, s