Valentina
El sonido de la música y los latidos desbocados de mi corazón, eran lo único que podía escuchar en mi mente. Y ninguno de ellos callaba el lío de emociones que había empezado a sentir.
La ceremonia en la iglesia había terminado, y ahora estábamos en nuestra casa, donde se decidió, bueno, mi marido ordenó, que se realizara la fiesta.
Pero a pesar de la alegría que debería estar sintiendo por mi amiga, no podía dejar de pensar en lo que estaba por venir.
Sabía que, al llegar el final de