El patio comenzó a vaciarse mientras los guardias escoltaban a la bruja hacia su destino final, pero entre las sombras de las columnas, el aire seguía cargado de una electricidad diferente. Rhevan se acercó a Elara, manteniendo una distancia prudente, pero su voz sonó más cálida de lo que jamás había sido.
—Al fin hiciste algo bueno —le dijo en un susurro que solo ella pudo captar.
Elara bajó la mirada, jugueteando con los pliegues de su delantal. La adrenalina de la ejecución fallida estaba de