El palacio había amanecido movido esa mañana; la atmósfera vibraba con una urgencia eléctrica ante la proximidad de la reunión de la noche. El Alfa Supremo se reuniría con los alfas de las zonas vecinas, y la orden era clara: todo debía estar impecable, cada detalle muy bien preparado para recibir a los líderes de las tierras colindantes.
Elara estaba tan ansiosa por su plan que no había logrado dormir en toda la noche. Sus nervios eran cuerdas tensas a punto de romperse, y cada cierto tiempo s