Rhevan dio la orden con voz firme, y de inmediato el personal de servicio comenzó a desfilar hacia el gran comedor, llevando las jarras de plata para que Kael pudiese realizar la cata previa a la reunión. Elara, oculta en las sombras de un recodo cerca de la cocina, contenía el aliento mientras observaba el movimiento. Al escuchar que el momento había llegado y que Kael probaría los vinos personalmente, una chispa de triunfo iluminó su mirada. El plan estaba en marcha; la idea de presenciar pro