Elara sostuvo el frasco con fuerza, sintiendo el frío del cristal contra su palma mientras una mueca de duda cruzaba su rostro.
—No sé cómo haré que se lo beba. No me dejan entrar a ese lugar así como así. Ayer fui a ver a mi hermana, pero dudo que me permitan volver tan pronto —dijo Elara, bajando la voz al recordar la frialdad de Aylén.
—En unos días el alfa tiene una reunión con otros alfas —respondió la anciana, cuya voz parecía fundirse con el susurro del viento entre los árboles—. Puedes