Aylén se separó del beso, quedándose unos segundos muy cerca del rostro de Kael. Su respiración era calmada pero rápida, y su cuerpo todavía estaba muy cerca del suyo.
Kael pudo sentir el suave movimiento del agua que los rodeaba y la forma en que el cuerpo de Aylén se ajustaba al suyo. Aunque no podía ver, su mundo en ese momento era un caleidoscopio de sensaciones: el roce de su piel, el suave perfume y el calor que emanaba de su cercanía.
–No sabía cuánto necesitaba esto...– pensó en silen