Aylén permaneció inmóvil, como si el cuerpo le pesara más que nunca. Las palabras de Kael no se disiparon al decirlas; se quedaron suspendidas en el aire, envolviéndola, hundiéndosele bajo la piel con una mezcla de alivio y vértigo. Había pasado tanto tiempo creyendo que era invisible, que escuchar que alguien la había visto desde el principio —de verdad vista— le resultaba casi insoportable.
—Yo no sabía… —murmuró al fin—. Nunca pensé que alguien pudiera mirarme así.
Kael inclinó apenas la cab