Eyssa caminaba lentamente por el sendero iluminado por faroles de fuego azul que marcaban la entrada al jardín imperial.
Su vestido rojo con bordes dorados rozaba las flores, y la brisa nocturna llevaba su aroma por el aire.
Cada paso la acercaba a su destino, a esa unión que cambiaría su vida para siempre.
Sin embargo, justo antes de llegar al círculo de rosas preparado para la ceremonia, una voz conocida y cálida la detuvo.
—Espera, cariño… —dijo su abuela Elara, con una suavidad que contrasta