Cuando Jarek finalmente volvió al reino de Rosso, su corazón latía con fuerza.
El camino de regreso había sido largo y colmado de decisiones pesadas. Apenas cruzó las puertas del castillo, su madre lo recibió con la mirada seria, pero suave.
—Elara está en su habitación… está bien, pero agotada. —le informó.
Jarek no esperó más. Subió las escaleras con pasos apurados, como si el aire mismo le quemara los pulmones.
Al llegar, abrió con suavidad la puerta. La penumbra bañaba la habitación con un t