—¡Despierta, Hester! —gritó Eyssa, su voz desgarrándose con cada palabra, temblando entre el llanto y la ira—. ¡Esto no ha acabado, te necesito, mi amor!
Recordó el collar con un brebajo que le dio su abuela, Elara, la reina luna, la loba dorada más poderosa de su linaje.
Con manos temblorosas, lo desabrochó y extrajo el pequeño frasco con el líquido sagrado.
Sus dedos temblaban, pero su determinación era férrea.
Abrió el frasco y vertió con cuidado el contenido en la boca de Hester, sintiendo c