Todos quedaron petrificados ante las palabras de Hester, como si un viento helado hubiera atravesado el salón del trono.
Cada mirada se clavaba en ella, cargada de incredulidad y sorpresa.
Los ojos de Eyssa se abrieron desmesuradamente, reflejando un torbellino de emociones que no podía contener: miedo, desconcierto, un deseo secreto que ahora sentía amenazado y confundido.
Su corazón latía con fuerza, golpeando en su pecho como si quisiera escapar de su cuerpo.
Heller, el hermano de Hester, no