El lobo de Lucien lanzó un rugido que desgarró el aire, un estruendo cargado de furia, desesperación y determinación.
Con sus colmillos al descubierto y la mirada encendida por la rabia, se lanzó con fiereza hacia los enemigos. Sus garras cortaban la oscuridad mientras los pocos guardias que aún resistían lo seguían, sin pensarlo, como si aquel aullido hubiera encendido en ellos la chispa de una última esperanza.
Pero entonces… sucedió lo impensable.
Desde las puertas destrozadas del castillo, s