Miara se había levantado muy temprano para comprobar lo temía. Desayunó junto a su marido y lo despidió con arrumacos cuando se marchó a una junta con sus seguidores para seguir conspirando contra el Alto Consejo y contra su hermano gemelo.
— ¿Vienes tarde, cariño? — Le preguntó en la puerta.
Robert entrecerró los ojos sospechando algo, Miara era su Luna y su acuerdo con ella había salido siempre bien, ese contrato matrimonial se ajustaba perfectamente a las necesidades y deseos de los dos, per