El pasillo del hospital, una vez escenario del estallido de Chris, ahora se había transformado en un lugar de confidencias susurradas. La furia del empresario, del confidente y mejor amigo eternamente enamorado se había disipado, dejando un vacío helado de shock y comprensión.
Ambos se sentaron en la sala de espera, mientras el silencio pesado se cernía terriblemente sobre ellos como si fuera de plomo sólido, un silencio roto solo por el suave zumbido de las máquinas médicas en la distancia y s