Tan pronto la puerta del consultorio se cerró, el rostro incrédulo de Leo se giró para ver a Sienna totalmente agobiada sin saber cómo empezar.
El ambiente helado y tirante, más afilado que una navaja suiza a punto de caer sobre uno de los dos, se tensó todavía más cuando la rubia comenzó a tamborilear los dedos sobre su pierna que no dejaba de moverse de forma repetitiva.
— Sienna… ¿Puedes decirme de que se trata todo esto? — Él hablo primero con extrema suavidad, como si su voz fuera de terci