Leo subió a su auto con dificultad y puso el motor en marcha, todavía su cuerpo temblaba bajo la intensidad de aquel dolor punzante en el centro del pecho.
Apretó el acelerador a fondo y condujo como un demente con dirección al departamento de Sienna, con una mano en el corazón como reflejo, y con la otra en el volante, mantuvo el vehículo alineado en la vía hasta que divisó la silueta casi destartalada del viejo edificio de departamentos y se detuvo tras el auto de Chris Brown.
— ¡El humano est