Con la gracia de la mismísima Selene, la diosa de los Licans como emergida de un sueño, Sienna se deslizó con gracia flotando delicadamente en cada paso, su presencia, un susurro de encanto detuvo el aliento de todos.
El vestido, de un verde oliva profundo le recordó a Leonard el follaje de los bosques encantados al anochecer, en los que solía ir para desaparecer de todo y dejar a su lobo ser él mismo. La delicada prenda, con una caída fluida y sedosa, se ceñía a la cintura de la rubia antes de