EMELY.
Abrí los ojos y la luz de la habitación me golpeó, Parpadeé varias veces hasta que las siluetas se enfocaron. Olivar estaba sentado al borde de la cama, con ojeras profundas y el rostro demacrado. A su lado, la doctora revisaba un monitor silencioso.
—¿Qué pasó? —mi voz salió ronca, apenas un susurro.
—Tranquila, Emely —dijo Olivar, tomándome la mano. Sus dedos temblaban levemente—. Estás de vuelta.
—¿Cuánto tiempo estuve fuera? Pensé que solo había pasado una hora en ese lugar.
Olivar i