EMELY.
El mundo se me empezó a desdibujar antes de que pudiera escuchar la respuesta de los Alfas. El esfuerzo de ponerme de pie y gritar mi decisión fue la gota que derramó el vaso de mi resistencia. Sentí un pitido agudo en los oídos y cómo la sangre me golpeaba las sienes con una fuerza violenta. Olivar me atrapó justo cuando mis rodillas cedieron, y lo último que escuché en la sala fue su voz ordenando que me subieran de inmediato.
Ahora estoy aquí, de vuelta en la cama de nuestra habitació