SUMERGIDA A UNA REALIDAD.
EMELY.
—No voy a dormir contigo —sentencié, manteniendo las manos firmes sobre mis ojos, aunque sentía el calor de su cuerpo invadiendo mi espacio—. No me siento a salvo, Olivar. No confío en ti, ni en este lugar, ni en nada de lo que me has dicho. ¿Cómo esperas que cierre los ojos al lado del hombre que me tiene secuestrada?
Sentí un silencio pesado. Luego, el colchón volvió a ceder cuando él se acomodó, pero esta vez no sentí que se acercara más.
—La confianza es un lujo que los de mi clase n