GUERRA INTERNA.
OLIVAR.
Abrí los ojos lentamente. Emely estaba profundamente dormida, con la cabeza apoyada justo sobre mi corazón. Durante la noche, el frío del clima de la Cima la había vencido, obligándola a buscar el único refugio que tenía a mano. Su rostro estaba relajado, despojado de la rabia y el miedo que me había mostrado horas antes, y su cabello castaño se esparcía sobre mi piel como hilos de seda.
Mi lobo estaba en un estado de éxtasis absoluto. Podía sentirlo ronronear dentro de mi pecho, una vi