EMELY.
—¿Estás lista, Luna? —me preguntó con un tono que mezclaba respeto y desafío.
—Nací lista —sentencié.
En ese momento, el aire pareció electrizarse. Soraia no esperó. Se lanzó hacia adelante con una ráfaga de golpes rápidos dirigidos a mi torso. Por un instante, mi mente humana quiso retroceder, pero Kia tomó el control de mis reflejos. Bloqueé el primer impacto con el antebrazo y desvié el segundo con un movimiento circular, tal como me había mostrado Olivar minutos antes.
Soraia sonrió,