EMELY.
Cerré los ojos un microsegundo y la fusión fue total. Mi energía y la de la tierra se volvieron una sola.
Al mismo tiempo, Vargo, que también intentaba canalizar el poder para darnos el golpe de gracia, sintió la misma sacudida. Pero él no tenía un ancla. La fuerza de la naturaleza lo golpeó como un mazo
La tierra bajo nuestros pies vibró con un sonido sordo, como un terremoto contenido.
—¡Ahg! —gruñó Vargo, llevándose las manos a la cabeza mientras sus rodillas cedían.
Yo sentí el mismo