EMELY
Me senté en el asiento que Olivar había dispuesto para mí, tratando de mantener la espalda erguida a pesar de que el peso de mi vientre y la debilidad de mis piernas me pedían a gritos que me desplomara. A un lado estaba Garino, cuya mirada era la única que me transmitía un poco de paz, pero al otro extremo, la tensión era insoportable.
Allí estaban los padres de Olivar, observándome con una rigidez que me hacía sentir como si fuera un error en medio de un cuadro perfecto. Pero lo que más