EMELY.
Me quedé paralizada, con los ojos muy abiertos, sintiendo cómo una contracción poderosa y real, muy distinta a las que había sentido antes, me atenazaba el vientre.
—Olivar... —jadeé, apretando sus hombros con una fuerza que hizo que mis uñas se clavaran en su chaqueta.
—¿Emely? ¿Qué pasa? —preguntó él, con la alarma empezando a asomar en su voz de Alfa.
—Rompí fuente —solté, mientras una mezcla de miedo y una alegría salvaje me invadía el pecho—. Ya no hay vuelta atrás. Mis hijos... mis