EMELY.
Salimos de la boutique de gala con Olivar caminando con seguridad y yo, ajustándome el abrigo sobre el vestido rojo, sintiendo aún el calor de lo que acababa de pasar en aquel probador. No nos detuvimos ahí. Pasamos por un par de tiendas más, cargando bolsas con zapatos de cuero para él, lencería de seda para mí y algunos detalles más para los niños que no habíamos visto en la primera vuelta. Los escoltas, siempre discretos pero eficientes, iban y venían vaciando nuestras manos para llev