EMELY.
Pasaron dos semanas. Catorce días de patrullas infructuosas, de mapas rayados con carbón y de una frustración que me quemaba la garganta. La loba que cargaba la semilla de Vargo parecía habérsela tragado la tierra del norte. Mientras tanto, el tiempo no se detenía para mis hijos. Hoy, Kaelen y Zaleia cumplían cinco meses. Cinco meses de vida en un mundo que todavía no terminábamos de limpiar.
A pesar de la tensión que se respiraba en la mansión, me encontraba en la cocina junto a Selene.