OLIVAR.
Me encontraba en mi oficina, con la mirada fija en la pantalla donde la imagen de mi padre, el anterior Alfa, se proyectaba con esa severidad que los años no habían logrado suavizar. La conversación, como siempre, se había estancado en el mismo punto.
—Debes pensar en el legado, Olivar —me dijo con voz ronca—. La manada necesita estabilidad. Necesitas darle un heredero a nuestra estirpe.
—Estoy solucionando eso, padre —respondí cortante, pensando en el procedimiento que ya estaba en mar